Encuentro resonancia en una idea particular de Donna Haraway que versa sobre la autoridad que detenta sobre la verdad la figura del científico e inclusive del artista. La cita textual es la siguiente:
Por una parte, estudios recientes han puesto a nuestro alcance un poderoso argumento construccionista social para todos los temas del conocimiento, especialmente para los científicos. En estas seductoras posiciones no se ve privilegiada ninguna perspectiva interna, ya que todos los esquemas que limitan el conocimiento son teorizados como actitudes de poder… (Haraway, 1995: 315)
Pienso que una manera de contrarrestar tal práctica discursiva consiste en descentrar la representación del saber, abriéndose a la multiplicidad de narrativas locales sobre un tema dado e intentando tejerlas mediante el diálogo. La creencia de Dona Haraway en “la multiplicidad radical de los conocimientos locales” (p. 321) o en los conocimientos situados (p. 324) y la cita siguiente, son un aval del pensamiento anterior: “… necesitamos un circuito universal de conexiones, incluyendo la habilidad parcial de traducir los conocimientos entre comunidades muy diferentes y diferenciadas a través del poder.”
Una plataforma que ya se ha puesto en práctica, y que transita esta línea de acción y pensamiento, es el mapa sonoro colaborativo que en varias regiones de España, que algunos colectivos de Latinoamérica (como Tsonami Arte Sonoro) y que aquí en México, la Fonoteca Nacional, han puesto en marcha. Precisamente, este tipo de plataformas re-plantean las formas de representación y, por tanto, de conocimiento del mundo a partir de la escucha; así como la valorización de los sonidos del entorno y la reivindicación de la escucha “como proceso clave en la construcción de los discursos culturales” (Visto en http://www.escoitar.org/). Planteamientos que no son poca cosa.
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