viernes, 10 de noviembre de 2017

El ensayo ensayo

"Generalmente se clasifica como ecléctico a un gusto confuso o desprovisto de criterios, una trayectoria intelectual sin una columna vertebral, un conjunto de visiones que no fundamente ninguna visión coherente."
Nicolas Bourriaud, Posproducción. La cultura como escenario. p. 116

En un tiempo remoto defendí el ensayo que a su vez defendían escritores como Heriberto Yépez (Tijuana, 1974), Luigi Amara (D.F., 1971) y Vivian Abenshushan (D.F.,1972) como la forma depositaria para la exposición de mis derivas web, bibliográficas, cinematográficas, hemerográficas, discográficas, etc., puesto que las características de este género literario de-generado (o sin género) me lo permitía. 

“Aunar lo disperso” es uno de sus principios. El ensayo, dicen estos autores, avanza en zig zag como una serpiente por los temas y preocupaciones que el ensayista trata sin rendirle cuenta al rigor lógico, a la estructura inicio-desarrollo-conclusión o a la unidad temática. La columna vertebral del ensayo es la voluntad de estilo, las circunstancias vitales o la biografía del escribiente. En este sentido, el ensayo se parece más a una buena conversación que a otra cosa. Una conversación memorable encadena temas varios que la apasionante exposición de los conversadores evita que se convierta en desvarío. 

Una segunda característica de este tipo de ensayo consiste en aplazar, o en última instancias, en rechazar la conclusión. El ensayo es esquivo puesto que no quiere llegar a ninguna parte. Del ensayo-ensayo, como osan llamarlos algunos, se disfruta de esa andanza en zig zag que es rodeo, paseo, deriva. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario